jueves, 8 de mayo de 2008

Tus ojos ya podrían salir de adentro mío,
y a mis manos ya las saqué de tu piel, vuelven a ser mis extremidades,
con tantas tantas ganas de acariciar
algún cuerpo y algún alma.
Nada debería estar envenenado, todo debería ser acariciable.
Hasta la espera en el teléfono, y más allá, y el rítmico sonido de una interferencia
no muy linda, muy horrible,
y quiero correr antes de que me agarren esas manos de musgo.
Quiero fuego, hay una hipotermina abriéndose camino por mi cuerpo,
Toda yo convertida en escarcha, cómo no quebrarse
cómo no sentir esa nostalgia proporcional a qué tan despierto estás.
Llenáme el vaso de algún líquido lento, pálido, que extraiga de mí
éstas palabras atoradas, que necesitan ayuda,
necesito parir un poema, ya me duele el pecho de tanta poesía atragantada.
Mi boca está de luto, unas palabras murieron adentro mío, y no me acuerdo
cuáles son.
Azul, volvé para quedarte, convertíte en agua,
yo tengo un poco de sed,
yo tengo unas leves ganas de gritar,
yo tengo deseos de cantarte muy tarde de noche,
y que no estés triste, ya no.
No sé por qué es tan triste tu cuerpo a veces,
ni tampoco sé por qué a veces tu boca duele como si tuviera clavada mil alfileres.
Hoy vendí mi última religión fermentada,
ya no ocupa más espacio en mi alma, ahora queda el humo de saber que el amor sólo lo sienten
otros seres, que no somos nosotros.
¿Querés sueños? Yo te los doy, te los cumplo, si me sacás ésta tristeza del espíritu.
¿Querés alegrías? Aniquilá ésta democracia, rompela en pedazos
como si fuera de cerámica.
Vení a buscarme porque presiento que éste poema me va a llevar muy lejos,
de vos, de mí, del mundo que ya no lo cargo en la espalda,
ya no me pesa el universo.
Alguna vez voy a abrir los ojos, y voy a cantar
y de noche las heridas que creí que eran permanentes
van a cicatrizar, casi imperceptiblemente, sin que me dé cuenta.
Soy un manojo de venas nerviosas,
que se retuercen y transportan ¿qué?
Podría volver a estudiar de memoria el abecedario,
podría viajar a mi niñez y robarle las cartas al crecimiento.
La pequeñita que soy va a seguir soñando
en el cuento tan largo,
tan lleno de niebla.
Y tal vez sea puro ácido lisérgico,
que no mide ni las horas ni los pájaros,
que no alcanza a dormir porque
unas palomas se olvidaron de él.
Yo muda.

Belù.

2 comentarios:

musmuki! dijo...

Caí en tu blog... literalmente me hundí en tu poesia.

La Duquesa Mermelada dijo...

Ufffff qué frase. "Mi boca está de luto". Alejandrina, pero no por alejandría...
Baccios!